Page 102 - Lanzarotto Malocello de Italia a Canarias
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                También se trata de un discurso sobre la luz.
                Naturalmente, agui la luz hace referencia a los ojos: los gue, bien por el
             movimiento gue son capaces de realizar, bien por la fuerza de su penetrante
             mirada,  su  agudeza y su  forma,  se  parecen a los  faros  gue inspeccionan
             realidades cercanas y horizontes. Se dira: el horizonte es poético, los hori-
             zontes son l6gicos; el primero contiene el elemento metafisico gue aparece
             atenuado cuando el plural cumple con su deber de mutaci6n. En el horizonte
             lo desconocido con'esponde a una necesidad natural superior y, de forma
             inconsciente,  una observaci6n, una epifania,  tienen como presupuesto lo
             singular; en los horizontes se amplian por razones mas humanas, para poder
             promover al maximo nuestra maniobra, nuestra actuaci6n.
                "Un hombre de horizontes limitados", se dice del individuo gue presenta
            la incapacidad de ver mas alla. Se trata incluso de "un hombre gue no con-
            sigue ver mas alla de la punta de su nariz". Todo es verdad y en esa verdad
            radica la grandeza de este lugar comun.
               En los dos casos gue se acaban de citar, lo gue falta es lo gue se encuentra
            nuis allei.  Este mas alla necesario para alcanzar una satisfacci6n interior.
            No se dira nunca: "Es un hombre con un horizonte limitado", y esto porque
            al  singular,  su  significado parece despegarse de la ti erra,  distanciarse de
            nosotros, mirandonos todavia pero hasta un ci erto punto.
               Entre los navegantes, creemos que se habla; ante todo, de un solo "ho-
            rizonte".
               Es el singular el que implica de forma involuntaria lo divino.
               El proyecto, la preparaci6n de la flota, las relaciones, el mito de hacerse
            a la mar: todo era verdad. También porque un navegante, debido a su actitud
            y a su decisi6n de mostrarse como el "antagonista" del océano, tendni un
            rendimiento en términos materiales, desde luego, y del mismo modo, quizas,
            presentara una celeridad de  su  devenir del desgaste fisico  y mental.  Pero
            ademas, habra otro elemento que mejoranila imagen del navegante, esto es,
            el de ser creador de  la historia.  Sera él, al igual que un rey, un militar, un
            cientifico, un fi16sofo, un erudito en generaI, un santo, decfan, sera él quien
            lo ponga de  manifiesto. La diferencia radica en una vocal,  "u" y  "a", dos
            significantes con un mismo significado. Por lo tanto, la hip6tesis de que la
            Historia la escriba quien se atreva a hacerlo, quien se exponga y argumente,
            ya no le permite a su autor hacerlo desde el anonimato del hombre imper-
            ceptible que se encuentra entre la multitud de personajes de la Historia (este
            ultimo siendo recompensado unicamente en las te1as  de los  maestros pero
            siempre caracterizado por su incapacidad de sobresalir como una identidad).
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