Page 34 - Lanzarotto Malocello de Italia a Canarias
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                En las sagradas novelas sobre la tematica del Santo Grial, Lancelot es
             el padre del héroe mas puro de la Mesa Redonda, Galahad. Aun asi, no es
             de extranar que, en aquella Génova medieval rebosante de hierro y perfu-
             mada de brea procedente de los astilleros, la idea de dar el nombre de un
             paladin de Arturo viniera justamente de una familia llamada Malocello, un
             apellido que hace pensar al fianco de un buque o a un callejon sin salida, y
             refieja tantos otros, no menos corsarios, con los cuales nos tropezamos ya
             desde las cronicas de Caffaro quien, en el siglo XII, rechaza la identidad
             de los miembros de las "Compaiifas" que dieron lugar a la comuna. Esta
             forma de ser genovesa se confirma en una suerte de estrabismo generoso
             que, por un lado mira hacia Tierra Santa y las costas maritimas sirio-liba-
             nesas, mientras por el otro tiene la vista puesta en las islas tilTenas, Africa
             septentrional, la peninsula ibérica e incluso las "infranqueables" Columnas
             de Hércules, que al final del siglo XIII habrian sufrido la profanacion de
             los hermanos Vivaldi.
               "Se inspiro verdaderamente Dante en el viaje oceanico de los hermanos
            para su "loco vuelo" de Ulises?
               La popularidad de Lanzarotto Malocello como descubridor -hacia el
            ano 1312- de aquella isla que mas tarde se llamaria Lanzarote, ya se ponia
            de manifiesto en  1339 en la carta nautica de Angelino Du1cert. Es  dificil
            con firmar si por aquel entonces ya se pensaba en el "nuevo" archipiélago
            como una parada en la que mas tarde, sobre todo gracias al infante portu-
            gués Emique el Navegante, habria sido -con la navegacion que se practico
            después bordeando la costa africana- la "ruta orientaI a la India".
               Con una doctrina que no consigue hacer transparentar la pasion subya-
            cente, Alfonso Licata no se limita a recoger las pocas fuentes y las nume-
            rosas pero vagas huellas que pueden ayudarnos a reconstruir -ya que una
            biografia completa de Lanzarote sea probablemente imposible de escribir- al
            menos las vivencias de la progresiva entrega de los genoveses al océano de
            Occidente y por lo tanto del colombiano buscar el Oriente para el Occi-
            dente. En el transcurso de esta busqueda, Licata se ha visto inevitablemente
            envuelto en aquel interés humanistico por las islas -expresado en los textos
            de Giovanni Boccaccio y Domenico Silvestri- que fue un componente
            fundamental del compromiso que se origino con el descubrimiento del
            Nuevo Mundo y, con ello, la creacion del Occidente moderno. Aunque este
            descubrimiento haya dado lugar a la modernidad, tiene sus raices en la mas
            profunda antigiiedad que,  sin embargo, sigue mas viva que nunca:  la de
            los mitos del tiempo de los dioses y de la bUsqueda del paraiso cristiano.
            Como canta Manuel Machado, solo aquel que persigue sus suenos, consigue
            romper las cadenas de la realidad y hacer lo imposible: "Como creyeron,
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