Page 351 - Le Operazioni Interforze e Multinazionali nella Storia Militare - ACTA Tomo I
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llón del primer Regimiento de Infantería de Marina (San Fernando), mandado por el Te-
niente Coronel D. José Dueñas y Tomasseti, que desembarcó en Larache el 08.06.1911.
Previamente un tabor de Policía Indígena, única fuerza organizada con que se contaba en
la costa atlántica del inminente Protectorado, había ocupado la rada de Larache.
Veamos una crónica periodística de esa fecha:
Al atardecer del 8 de junio de 1911, el Cónsul don Juan Zugasti, acompañado del
Canciller y del Capitán Ovilo, “subieron a la azotea del edificio que ocupaba el Con-
sulado y silenciosos, mudos por la emoción, izaron la bandera española como señal
convenida con el comandante del crucero Cataluña, y empezó el desembarco, operación
que se realizó hasta bien entrada la noche sin contratiempo alguno mientras el muecín
de la Mezquita grande, tras sus oraciones, anunciaba que se cerrarían las puertas de
la ciudad”.
El primero en poner pie en tierra fue el Tcol. Dueñas quien, tras abrazar emociona-
damente al cónsul Zugasti, traspasó la puerta de la Marina subiendo con 200 infantes de
marina por la empinada calle del mismo nombre, siendo recibidos en su recorrido con
jubilosas manifestaciones de la población que, en buen número, hablaban un idioma
extraño que los soldados no comprendían y que luego supieron se trataba del ladino
conservado por los judíos de Marruecos. No se disparó un solo tiro...“mientras la luna
iluminaba, ayudada de faroles y velas de lechosas claridades, la ciudad y el puerto”. La
marea estaba llena, la barra tranquila y a simple vista se percibía cómo desde los barcos
de guerra los infantes de marina iban transbordando a los botes para un desembarco que
finalizó a las 0400H. El puerto más importante del Atlántico ocupado por España garan-
tizaba así la seguridad y las vidas de sus habitantes.
“Larache –escribió el Abate Bussoni- con sus viejos castillos y sus barrios embru-
jados, testigos mudos de pendencias y amoríos, de aventuras y de hechos de guerra,
vivió aquella memorable noche del 8 de junio de 1911 perfumada con el azahar de sus
naranjos y la emoción de sus habitantes, cómo al cabo de tres siglos, volvía a oírse en
la noche africana el eco de sus guitarras y sus canciones”.
El capitán Ovilo salió al día siguiente hacia Alcazarquivir, donde habían sido asesi-
nados dos notables marroquíes, al mando de una columna del Tabor de Policía Indígena.
Para garantizar la vida de españoles y marroquíes, el Presidente del Consejo de Minis-
tros comunicó al cónsul Zugasti el nombramiento del teniente coronel, futuro y desgra-
ciadamente famoso general, D. Manuel Fernández Silvestre como Comandante Militar
de la zona de Larache para que resolviese las difíciles circunstancias que se preveían.
Silvestre llegó a Larache el día 13 de junio, continuó a Alcazarquivir con la columna
ocupante, en la que formaba el batallón de Infantería de Marina desembarcado, ocu-
pando la ciudad antes de que lo hiciesen las fuerzas francesas, como con mucho funda-
mento se suponía. Enseguida, las fuerzas del batallón de Infantería de Marina ocuparon
también y por primera vez en la historia, Arcila que posteriormente fue reforzada con
unidades del Ejército de Tierra, desembarcadas también en Larache. Fernández Silves-
tre consiguió, en principio, atraerse al peligroso cherif El Raisuni y contener el intento
de penetración francesa en El Jolot. Todo ello llevó posteriormente al entendimiento con
Francia que se materializó con el definitivo tratado de 1912.

