Page 178 - Lanzarotto Malocello de Italia a Canarias
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Partiendo los marineros de esta isla, y vistas otras islas a lo lejos, como a
V millas, o X , XX, o XV, fueron hasta una tercera isla en la que no encon-
traron nada mas que arboles altisimos que crecfan directos hacia el cielo; de
ahi se fueron h~sta otra, en la qt!e pJ:ldieron observar que abundaban rlOS y
aguas purisimas, y madera y palomas a las que mataban a pedradas, o apa-
leadas, para luego comérselas; decfan ser mas grandes que las nuestras pero
iguales en cuanto a sabor, o incluso mas sabrosas; y encontraron también
ha1cones, y otras aves que viven de la rapina. Pero por estas islas, no vaga-
ron mucho ya que se veian totalmente desiertas; nada menos que enfrente,
se encontraba otra isla en la que parecfan verse grandes montanas rocosas,
y la mayor parte siempre cubi erta de nubes con abundantes lluvias, pero
que con buen tiempo presentaba vistas impresionantes, y al parecer estaba
habitada; y después de esta, pasaron a otras muchas islas, algunas habitadas,
otras no, pero XIII en total; y conforme avanzaban, mas islas veian, y el
mar que las rodeaba mas en calma que el que nosotros conocfamos; encon-
traron un fondo muy adecuado para echar anclas, pese a no haber muchos
puertos; todas abundantes en agua. De las XIII islas, cinco estaban mas o
menos habitadas, mientras que en las demas no parecfa haber habitantes.
Y ademas de esto, parecfan usar lenguas distintas entre ellos, por lo que no
se entendian los unos a los otros, y al no disponer de navios o instrumentos
para hacer la travesia de una isla a otra, iban a nado.
Asimismo, encontraron otra isla, en la que no querian atracar porque
a su parecer, se trataba de una maravilla. Dicen haber visto alli un monte
altisimo, de aproximadamente XXX millas, o incluso ffié3.S, que se veia muy
alto, y en la cima parecfa haber un cielto manto bIanco; y todo el monte
era pedregoso; el manto bIanco se parecfa a una l'oca pero no lo era: pero
creyeron que se trataba de una roca muy puntiaguda, en cuya cumbre habfa
un arbol de la altura dellmlstil de cualquier navio, que estaria fijado como
el mastil con vela de un gran navio latino sirnilar a un escudo simple que,
en contacto con los vientos, se prolongaba mucho; y por lo tanto parecfa
poco a poco descender para poco después volver a subir por el :h'bol, igual
que lo haria en un gran buque, y asi continuamente.
Dando vueltas alrededor de la isla, desde cualquier lado podian ver lo
mismo, lo cua1 para ellos se debia a un encantarniento, por lo que no se
atrevieron a atracar en la is1a.
Muchas otras cosas fueron 1as que encontraron pero que el ya mencio-
nado Niccoloso prefiri6 no contar. Solamente parece ser que estas islas no
fueran ricas, por lo que los marineros apenas pudieron recuperar los gastos
del viatico. Eran 10s cuatro hombres que condujeron, desde la edad sin barba,
y de hermosos rostros, 10s que llevaban calzones hechos asi; tenian atados a

