Page 253 - Airpower in 20th Century - Doctrines and Employment
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la doCtrina aérea del ejérCito del aire Hasta su integraCión en la OTAN    253


               Más adelante recordaba que el objetivo de la lucha es “la supremacía en el aire
            con las señaladas limitaciones de tiempo y lugar; el medio único de conseguirla: em-
            plear sin desmayo una política ofensiva inexorable y continua contra la flota aérea
            enemiga, en el aire como en tierra, de noche como de día”. Kindelán insistía en la
            importancia de un buen mantenimiento y una buena logística para dar continuidad a
            la acción aérea, ya que pueden acabar prematuramente con una campaña aérea antes
            de la derrota del enemigo. También recordaba que “en el aire como en el mar y la
            tierra, en tiempos de Aníbal como en la pasada campaña europea, la estrategia tien-
            de a alcanzar una serie de éxitos tácticos que impongan al enemigo nuestra propia
            voluntad”.
               Finalmente Kindelán estudiaba la organización de la Aeronáutica militar en di-
            versas naciones (principalmente Francia, EE.UU., Rumania, Italia y Gran Bretaña)
            y finalizaba proponiendo la creación de un Ministerio de Defensa Nacional, que
            unificara los de Guerra, Marina y algunos otros servicios.
               En la revista “Aérea” continuaron apareciendo colaboraciones de todo tipo so-
            bre Arte Militar Aéreo, Doctrina Aérea y posibles organizaciones de la Aeronáutica
            Militar, a fin de obtener la mejor defensa nacional de España. Entre otros hay que
            mencionar a Vicente Balbás, Felipe Acedo, “Orellitra”, César Gómez Lucía y, muy
            especialmente, a Luis Manzaneque.
               En Marzo de 1.926 el Capitán D. César Gómez Lucía escribió su artículo ¿Aún la
            Quinta Arma?, que era un alegato en contra de la consideración de la Aviación sólo
            como 5ª Arma, ya que su desarrollo había sobrepasado todas las previsiones. Decía:
            “el aire lo envuelve todo, no puede nadie eludirle y al surgir la Aviación hay que
            cambiar las técnicas y decir que el dueño del aire vencerá en mar y tierra..... Ha habi-
            do pero no habrá Quinta Arma; la Aviación que antes auxilió a Infantería y Artillería
            ahora se les escapa. En lo sucesivo todas las Armas servirán para consolidar lo que la
            Aviación haya decidido...Hablar de Quinta Arma resulta un poco desfasado”.
               Dos meses más tarde en “Aérea” se publicaba el juicio y condena de Mitchell
            en Estados Unidos y un reportaje sobre las “Maniobras de Aviación en Inglaterra”
            firmado por Gómez Lucía. El resultado de las maniobras demostró a los militares
            británicos que el primer día de guerra podía ser decisivo, y que la futura guerra se
            jugaría con Aviación, Supremacía Aérea y con un Ejército y una Marina expectantes,
            que consolidarían lo ya decidido.
               En 1.926 se realizaron los tres espléndidos raids de la Aviación Militar españo-
            la: el vuelo del “Plus Ultra”, con Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda desde Palos
            (España) a Buenos Aires (Argentina); el vuelo Madrid-Manila emprendido por Gon-
            zález Gallarza, Loriga y M. Esteve; y el de la “Patrulla Atlántida”, encabezada por
            Rafael Llorente, desde Melilla (Marruecos) a la Guinea Ecuatorial. Estos tres vuelos
            demostraban la capacidad que ya habían alcanzado los aviadores españoles.
               Este mismo año, el Real Decreto Ley del 23 de Marzo de 1.926 producía grandes
            novedades en la Aviación Militar española. Se creó la Jefatura Superior Aeronáutica
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