Page 256 - Airpower in 20th Century - Doctrines and Employment
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diente es igual o más decisiva que la naval en el aspecto de privar a una nación de
elementos indispensables”. Recordaba que “la Aviación, para la misma importancia
relativa, es más barata que el Ejército y mucho más barata que la Marina”. Admitía
que “la Aviación en sus ataques sufrirá pérdidas; pero el efecto que sufrirá a pesar
de ellas, las compensará sobradamente”. Por eso Longoria preconizaba que España
pudiera disponer de una Armada Aérea eficaz como instrumento para disuadir a sus
vecinos de intentar involucrarla en cualquier conflicto.
Coincidiendo con esta polémica, se publicaron los dos artículos del Capitán de
Aviación D. Manuel Martínez Merino La hidroaviación en España (Septiembre de
1.932) y Más sobre hidroaviones (Febrero de 1.933), en los que recordaba que Espa-
ña tiene más de 3.000 Km. de costa, que “si alguna vez necesitamos el Arma Aérea,
más probablemente será para combatir sobre mar que sobre tierra” y que “el Arma
Aérea no debe tener sus límites en la orilla del mar”, por lo que pedía aumentar el
número de hidroaviones de la Aviación Militar y señalaba que la “Armata Aérea” de
la Regia Aeronautica italiana contaba con un 45% de hidroaviones.
Por otra parte, el Jefe del Servicio de Aviación, Comandante D. Ángel Pastor
Velasco, pronunció el 12 de Noviembre de 1.932, en presencia del Presidente del
Gobierno y Ministro de la Guerra, una conferencia en la Escuela Superior de Guerra
sobre El factor aéreo en la guerra futura; Pastor defendió las ideas de Douhet, afir-
mando que “la Aviación podía llevar a cabo operaciones, con independencia absoluta,
en el momento oportuno”. Luego, en Marzo de 1.933 Pastor publicó en la “Revista
de Aeronáutica” su artículo La Aviación Militar, en el que remachaba “La Aviación
es más que un Arma. … viene a constituir una tercera fuerza armada de caracterís-
ticas tan diferenciales como las del Ejército y la Marina. … principalmente por su
capacidad para hacer la guerra aérea con independencia absoluta del resto de los
elementos armados de la Nación, operaciones que pueden conducir a la terminación
de la guerra, si se cuenta con fuerzas suficientes y se emplean acertadamente”.
A primeros de 1.933 entró en la polémica el Teniente de Navío D. Antonio Álva-
rez-Ossorio y de Carranza, gran piloto naval, con diversos artículos en la “Revista
General de Marina” y en la “Revista de Aeronáutica”. Empezó en Enero de 1.933
con su artículo Armada Aérea y Aviaciones Auxiliares. Parecía que reconocía la ne-
cesidad de crear una Armada Aérea y una Aviación independiente, pero pedía una
Aviación Naval, al estilo de EE.UU. y Japón. En Abril publicó su artículo Puntuali-
zando, oponiéndose a lo defendido por Martínez Merino en Septiembre de 1.932 y
Febrero de 1.933. Retorcía los argumentos de éste y pontificaba: “Que la Aviación
naval opere en la mar o la del Ejército en la tierra es incuestionable”. Luego decía
que hacía falta “el aviador marino”.
En el mismo número de la Revista le respondía Longoria en su artículo Preci-
sando algunos conceptos. En él demostraba que era necesario que “el militar del
aire” no fuera “el militar aviador ni el marino aviador”, sino “el aviador puro”, “que
por su educación y conocimientos, por su espíritu aéreo y por su adecuada prepara-
ción estará plenamente capacitado para realizar las misiones guerreras de la Aviación

