Page 190 - Lanzarotto Malocello de Italia a Canarias
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intentos y nuestro saber acerca de Dios (~un Dios ocuIto?). De estas tenues
refiexiones, de nuevo acabaremos haciendo una interpretaci6n interminable
de los hechos sucedidos a lo largo de la Historia, pero al final de cada re-
construcci6n, mas o menos fantastica, siempre nos quedaremos en compafiia
del silencio -la unica forma donde parece posible recoger lo Absoluto- y
en esta dimensi6n, de nuevo, no quedara otra que dirigir la mirada hacia
un lugar entre lo horizontal y lo vertical, entre las cosas de nuestro mundo
terrenal y la aspiraci6n a los eternos muros de la ciudad donde no quedara
huella alguna de las pasiones.
Si el ponerse en camino es un hecho, el crear un mito puede ser una base,
pero también el inicio de una ruta, lo cual hace que la primera navegaci6n
se encuentre en nosotros mismos y se dibujen horizontes de gloria que
contemplaran una ascensi6n.
El Paraiso, el Paraiso terrestre, el Purgatorio, la consciencia del azar: la
metafisica. La conexi6n con la pureza. Un lugar de expiaci6n, de transito, a
la espera de ser perdonado de los pecados. Si, en el pensamiento medieval,
el Paraiso terrestre se encontraba entre Oriente y Occidente, dificil resulta-
ba su bUsqueda, la individualizaci6n del Purgatorio como un lugar fisico.
Jacques Le Goff, en su obra "El nacimiento del Purgatorio", se pregunta,
llegado el momento, si el Purgatorio tiene su origen en las Escrituras: "La
doctrina cristiana del Purgatorio se reform6 -en su forma cat6lica, los refor-
mistas la habian rechazado- solo en el siglo XVI, con el Concilio de Trento.
Después de Trento, los doctrinarios cat6licos del Purgatorio, Belarmino y
Suarez, llegaron a apoyar numerosos textos de las Escrituras. Tendré en
consideraci6n aqui solo a quienes en la Edad Media, y mas precisamente
hasta los inicios del siglo XIV, desempenaron efectivamente un papel en
el nacimiento del Purgatorio. Un solo pasaje del Antiguo Testamento, del
segundo libro de los Macabeos -que judios y protestantes no consideran
can6nigo- se recogi6 en la teologfa cristiana antigua y medieval, desde San
Agustfn hasta Santo Tomas de Aquino, como prueba de la existencia de
una creencia en el Purgatorio. En él, después de una batalla durante la que
los combatientes judfos fueron asesinados, se habrfan manchado las manos
de una misteriosa culpa, Judas Macabeo orden6 que se rezani por ellos".
Y a continuaci6n reproducimos el pasaje en cuesti6n (II Macabeos 12:41-
45): "Todos alabaron al Senor, justo juez, que descubre las cosas ocuItas,
e hicieron una oraci6n para pedir a Dios que perdonara por completo el
pecado que habian cometido. El valiente Judas recomend6 entonces a todos
que se conservaran limpios de pecado, ya que habfan visto con sus propios
ojos lo sucedido a aquellos que habfan cafdo a causa de su pecado. Después
recogi6 unas dos mil monedas de plata y las envi6 a Jerusalén, para que se

