Page 196 - Lanzarotto Malocello de Italia a Canarias
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La mente puede embarcar con el resto de la fiota sin problemas. La
imaginaci6n tiene lo mejor de todo, superando asi cualquier problema de
organizaci6n; cuando después de los costes, se oyen voces apenas audibles
entre la sucesi6n de los pensamientos. En la mente, la fiota se ve al instante;
ya esta a bordo y solo le queda zarpar. Esta es la condici6n del escritor que,
como mucho, debera preocupal'se de adquirir las nociones necesarias para
expresar lo mejor posible el escenario gue tiene en mente para la puesta en
escena de su obra. Si, ademas, debel'a narrar lo sucedido a lo largo de los
siglos ya pasados, al rnismo tiempo debera sel' analitico al tl'atal' los datos
y lugares de su obra.
Por lo tanto, debera poseer muchos conocimientos acerca del tema para
recrear ese "sabol' de boca de la época". El mal' es la condicion gue posee
acentuaciones importantes en lo gue respecta a la angustia sentida; una na-
rraci6n que tenga, por el contrario, como escenario la tierra firme es, desde
luego, mas facil de recorrer, y las emboscadas, aunque sean continuas,
suponen un enfrentarniento mas llevadero.
No muchos son los ejemplos de escl'itores gue se embarcaban en fiotas
para definir mejor lo desconocido. Para las guerras, a Jenofonte se le puede
sefialar como un creador que vio reiterado con su obra Anabasis desplaza-
mientos no solo de tropas, sino también de pensamiento: las tropas de Ciro
el Joven contra las del hermano Artajeljes II.
Quién sabe si Her6doto constat6 en persona, saliendo a la mar, para mas
tarde escribil' sus obras. Con seguridad, los desplazamientos del gran matema-
tico Eudoxo de Cnido por mar son bastante ciertos, como también lo son los
de Plinio, quizas, en el caso de este ultimo, con navegaciones mas "a la vista".
Pero también agui se tl'ataba de una categoria de hombres (de hombl'es
santos, mirandolo bien), como Pablo de Tal'so y el rnismo Agustin de Hipona,
gue salieron al mar, dejando atras sus respectivas patrias, conociendo ya en
su interior la estrella polar gue los tenia gue guiar y conducil' por el camino
de la fe y de la predicaci6n.
En el caso de Pablo de Tal'so, se trat6 de un viaje de ida solamente, si endo
Roma su destino final, y con el martirio, fue ellugar de l'eencuentro con el
Padre. Para Agustin, la suel'te le concedi6 la vuelta y en Hipona fue consa-
grado obispo. Por lo tanto, también en este caso, los escritores zarparon y
vieron confirmada la idea de que entre las tormentas (interiores, sobre todo)
aparecfa Dios en su gl'andeza y no solo como la idea que se tenia de él.
Volviendo a Lanzarotto Malocello, la escenografia mas ex acta, ese "sabor
de boca de la época" del que hablabamos un poco mas arriba consiste en
nombral' y llamar a escena a los mismos gue en aguel momento trataban,

